Cuando la visión de Dios se siente más grande que tus fuerzas
Hay momentos en la vida donde el peso de lo que Dios nos ha confiado parece demasiado.
La visión es tan grande, el llamado tan desafiante, y el camino tan incierto… que uno no puede evitar preguntarse:
“¿Por qué yo, Señor?”
“¿Por qué me pediste esto si sabías lo limitado que soy?”
Y es que, honestamente, todos hemos estado ahí.
Sirviendo con el corazón, pero cansados en el alma.
Soñando con lo que Dios dijo, pero preguntándonos si realmente podremos lograrlo.
Cuando la visión de Dios se siente más grande que nuestras fuerzas, no es una señal de fracaso… es una señal de dependencia.
Dios no se equivocó al escogerte
A veces creemos que Dios cometió un error.
Que tal vez eligió a la persona equivocada.
Pero la verdad es que Él nunca se equivoca.
Cuando Dios te llamó, Él ya sabía exactamente quién eras, tus debilidades, tus miedos, tus luchas.
Y aún así, te escogió.
Porque Su plan nunca ha dependido de tu fuerza, sino de Su gracia.
Pablo lo dijo con claridad:
“Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad.”
—2 Corintios 12:9
Lo que para ti parece una limitación, para Dios es el punto perfecto para mostrar Su poder.
Él no te pidió ser suficiente.
Te pidió confiar en que Él lo es.
Las visiones grandes nos hacen pequeños… y eso es bueno
Dios no da visiones grandes para que las alcancemos solos, sino para que aprendamos a caminar con Él.
La grandeza del llamado no está ahí para intimidarte, sino para invitarte a depender.
Porque si pudieras hacerlo con tus propias fuerzas, ya no sería fe, sería control.
Y el propósito de Dios nunca se cumple desde el control, sino desde la confianza.
Así que si últimamente has sentido que la carga te rebasa, que el sueño es más grande que tu capacidad,
tal vez eso sea exactamente lo que Dios está usando para recordarte que no lo harás por tu habilidad, sino por Su Espíritu.
Tres recordatorios cuando la visión parece demasiado grande
1. Dios no te pide resultados, te pide fidelidad.
No te angusties por todo lo que falta. Dios se encarga de los frutos; tú encárgate de obedecer.
A veces el avance más grande es simplemente no rendirte hoy.
2. Tu debilidad no es un estorbo, es una invitación.
Deja de esconder tus limitaciones. Entrégaselas a Dios.
Él no busca gente perfecta, busca gente disponible.
Y cuando lo haces, tus manos vacías se convierten en el mejor lugar para que Él obre.
3. Recuerda quién sostiene la visión.
La visión no nació de ti, nació de Él.
Y si fue Él quien la sembró en tu corazón, también será Él quien la sostenga, la desarrolle y la complete.
Tu tarea no es cargarla, es confiarla.
“Fiel es el que os llama, el cual también lo hará.”
—1 Tesalonicenses 5:24
Quizá hoy sientes que no puedes más.
Que la visión es demasiado grande, que tus fuerzas ya no alcanzan, que lo que Dios te mostró parece imposible.
Pero no olvides algo: lo imposible siempre ha sido el terreno favorito de Dios.
Cuando te quedas sin fuerza, Él se convierte en tu fuerza.
Cuando se acaba tu plan, Él sigue teniendo el Suyo.
Y cuando crees que ya no puedes más, es ahí donde Su poder empieza a brillar con más fuerza.
Así que no temas si la visión es más grande que tú.
Eso solo significa que Dios todavía no ha terminado contigo.
Y cuando Él esté en el centro, siempre será posible… incluso cuando tú no puedas verlo.