Es oficial: hoy termina un año
Hoy el calendario marca el final de un ciclo.
Un año más que se cierra con historias, desafíos, aprendizajes y momentos que quedarán grabados en la memoria.
Y aunque cada persona lo vive de manera distinta —algunos celebrando, otros suspirando, otros simplemente procesando—, lo cierto es que hoy tenemos una oportunidad que no se repite: detenernos.
Detenernos para agradecer, reflexionar y mejorar.
Agradecer
Agradecer no es ignorar lo difícil, es reconocer la gracia en medio de todo.
Porque si estás leyendo esto, significa que Dios te sostuvo.
Hubo días en los que tal vez no sabías cómo seguir,
pero seguiste.
Y aunque quizás no terminó como esperabas, Dios nunca dejó de ser fiel.
Así que hoy, antes de pensar en lo que viene,
agradece por todo lo que fue.
Por lo bueno, lo inesperado, lo que dolió y lo que enseñó.
Todo formó parte de un proceso que Dios sigue usando para moldearte.
Reflexionar
Cada final de año trae consigo una invitación: mirar atrás con propósito.
No para quedarte en el pasado, sino para reconocer lo que Dios estuvo haciendo en medio de cada temporada.
¿Qué aprendiste este año?
¿Dónde viste la mano de Dios?
¿En qué áreas necesitas volver a escuchar Su voz?
Reflexionar no es solo hacer memoria, es volver a alinear el corazón con la dirección de Dios.
Mejorar
Y después de agradecer y reflexionar, llega el paso que nos impulsa hacia adelante: mejorar.
No desde la presión de ser perfectos,
sino desde el deseo de crecer, madurar y avanzar en lo que Dios nos ha confiado.
Porque cada año nuevo no es solo un cambio de fecha,
es una nueva oportunidad para obedecer mejor, servir con más amor
y vivir más conscientes de Su presencia.
El fin que da inicio
Es oficial: hoy termina un año.
Pero con Dios, los finales nunca son el fin.
Son el terreno donde Él siembra lo que viene.
Así que, antes de cerrar este capítulo,
haz una pausa.
Agradece con sinceridad, reflexiona con humildad,
y decide mejorar con esperanza.
Porque si Dios fue fiel hasta aquí,
lo seguirá siendo en lo que viene.