Cómo discernir si lo que haces sigue siendo lo que Dios te pidió

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Cómo discernir si lo que haces sigue siendo lo que Dios te pidió



Cómo discernir si lo que haces sigue siendo lo que Dios te pidió

Hay temporadas en las que todo fluye.
Sabes lo que estás haciendo, tienes claridad, sientes pasión y propósito.
Pero también hay otras donde, sin darte cuenta, lo que empezó como un llamado se ha convertido en una rutina.
Sigues haciendo lo mismo, pero ya no sabes si sigues haciéndolo por obediencia o por costumbre.

Y ahí nace una pregunta que, aunque incómoda, puede ser profundamente liberadora:
¿Sigo haciendo lo que Dios me pidió, o solo sigo haciendo lo que empecé hace años?


La realidad es que no todo lo que comenzó siendo una instrucción de Dios, está destinado a durar para siempre.
Hay asignaciones que fueron para una temporada, no para toda la vida.
Y cuando tratamos de sostener algo que Dios ya nos pidió entregar, comenzamos a sentir cansancio, frustración, y una sensación de vacío.
No porque hayamos perdido el amor por Dios, sino porque Dios ya se movió a un siguiente paso… y nosotros nos quedamos en el anterior.


Discernir no siempre es dejar, pero siempre es escuchar

Discernir si lo que hacemos sigue siendo parte del plan de Dios no se trata de tomar decisiones impulsivas.
No se trata de renunciar cada vez que algo se complica.
Se trata de escuchar.

De detenernos lo suficiente para preguntarle al Señor:

“¿Esto sigue siendo donde me quieres? ¿Sigo en la tarea correcta, o solo estoy sosteniendo algo por inercia?”

Dios no tiene problema con el movimiento.
Tiene problema con el movimiento sin dirección.
Porque no toda actividad es propósito.
Y no todo lo que luce ministerial necesariamente sigue siendo obediencia.


Tres señales que pueden ayudarte a discernir


1. La pasión se apagó, pero la carga sigue.
Hay una diferencia entre estar cansado por servir y estar drenado por insistir.
Cuando algo que antes te llenaba ahora solo te pesa, quizá Dios está tratando de llamar tu atención.
No para reprocharte, sino para redirigirte.


2. Estás manteniendo algo que ya no da fruto.
Jesús dijo que todo árbol que no da fruto es podado, no como castigo, sino como parte del proceso.
A veces seguimos invirtiendo en algo que ya no crece porque nos da miedo aceptar que su temporada terminó.
Pero los cierres también pueden ser obediencia.


3. La voz de Dios se siente lejana en medio del ruido.
Si hace tiempo que no sientes la confirmación, la dirección o la paz del Espíritu,
es momento de detenerte.
No para abandonar, sino para reconectarte con la fuente.


El propósito no cambia, pero los medios sí

Servir a Dios no se trata de aferrarse a una tarea, sino de seguir Su voz.
Hay etapas donde te llama a construir, y otras donde te llama a soltar.
Un día te dice “hazlo”, y en otro momento te dice “descansa”.
Y ambas son obediencia.

Por eso, discernir es más importante que insistir.
Porque el corazón de un siervo no busca aferrarse a un lugar, sino a una voz.
Y cuando esa voz dice “muévete”, “ajusta”, o “espera”, lo mejor que podemos hacer es confiar que el que nos llamó, sabe exactamente dónde quiere que estemos.


“El Señor te guiará continuamente;
saciará tu alma en lugares áridos,
y fortalecerá tus huesos.”
—Isaías 58:11


Si hace tiempo que sientes que estás forzando algo,
si has estado sirviendo sin gozo,
o si ya no sabes por qué haces lo que haces,
detente un momento.

No para rendirte, sino para volver a escuchar.
Porque más importante que seguir sirviendo…
es seguir obedeciendo.