Nunca dejes de soñar
Con el paso del tiempo, muchos dejamos de soñar.
No porque ya no tengamos deseos, sino porque la vida, las responsabilidades, los errores o las decepciones nos convencen de que ya es tarde.
Tarde para intentar algo nuevo.
Tarde para comenzar otra vez.
Tarde para creer que Dios todavía puede hacer algo diferente.
Pero esa idea no viene de Dios.
C. S. Lewis lo expresó con una claridad poderosa:
“Nunca eres demasiado viejo para establecer otra meta o soñar un nuevo sueño.”
Soñar no es inmadurez, es esperanza
A veces confundimos madurez con resignación.
Pensamos que crecer es aprender a conformarnos, a bajar expectativas, a no ilusionarnos demasiado.
Pero en el Reino de Dios, soñar no es negar la realidad,
es creer que Dios sigue obrando más allá de ella.
Mientras Dios siga siendo Dios,
el futuro nunca está cerrado.
Ni la edad, ni la temporada
No hay una edad límite para los sueños de Dios.
No hay una etapa de la vida donde Él diga: “hasta aquí llegué contigo”.
Abraham soñó cuando ya era viejo.
Moisés comenzó su llamado después de los ochenta.
Los discípulos eran hombres comunes cuando Jesús los invitó a cambiar la historia.
Dios no mide el potencial por el calendario,
lo mide por la disposición del corazón.
Cuando las circunstancias intentan apagar los sueños
Hay temporadas que parecen matar los sueños:
el cansancio, el fracaso, la rutina, la comparación, el dolor.
Y poco a poco dejamos de creer, no porque Dios haya dejado de hablar,
sino porque dejamos de escuchar.
Pero el mismo Dios que estuvo contigo en el pasado
sigue siendo el Dios que llama, renueva y empuja hacia adelante.
En lo personal y en lo ministerial
Tal vez hoy tu sueño no se ve como antes.
Tal vez no es tan grande, tan claro o tan emocionante.
Pero no lo descartes.
Dios no siempre cambia el sueño;
a veces cambia la forma, el tiempo o el proceso.
En lo personal y en lo ministerial,
soñar de nuevo es una declaración de fe que dice:
“Dios todavía no ha terminado conmigo”.
Sigue soñando
Nunca dejes de soñar.
No porque todo sea fácil,
sino porque Dios sigue siendo fiel.
Mientras tengas vida,
mientras tengas fe,
mientras Dios siga siendo Dios…
siempre habrá espacio para un nuevo sueño.