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No es lo que haces, es cómo lo haces

No es lo que haces, es cómo lo haces
 

Deuteronomio 28:47 pues no serviste al Señor tu Dios con gozo y alegría cuando tenías de todo en abundancia. (NVI)

 

Muy bien, por supuesto que hemos hablado acerca de muchas maneras prácticas en las que podemos desarrollar y crecer en lo que hacemos en nuestros ministerios y en nuestros equipos. Y por supuesto que lo seguiremos haciendo, creemos realmente que como equipos necesitamos seguir siendo cada vez mejores en todo lo que hacemos para servir al señor y servir a la iglesia.

 

Definitivamente nos encontramos en un momento muy privilegiado de la historia en el que tenemos acceso a un sinfín de recursos que nos ayudan a ser mejores en todo lo que tenemos por delante. Y es sin duda una gran bendición poder acudir a diferentes recursos prácticos que nos explican “qué” hacer para mejorar y ser más productivos.

 

Pero queremos recalcar que esta “bendición” es considerada hablando desde un punto de vista meramente técnico o práctico sin embargo, hay algo que es lo que definitivamente distingue a la iglesia de cualquier otro tipo de organización.

 

Es que la Iglesia no es una organización que tiene como fin la productividad en sí misma, la Iglesia va mucho más allá de una búsqueda constante de resultados que pueden ser cuantificados, la iglesia es un organismo que tiene vida, y una vida que nos ha sido proporcionada por medio del sacrificio de Jesús y a través de la obra del Espíritu Santo en cada uno de nosotros.

 

Y en esta gran diferencia de la que estamos hablando, vamos a darnos cuenta que para Dios no solo es importante las cosas que hacemos, sino que para él es sumamente importante también cómo lo hacemos.

 

Es por esto que por medio de esta entrada queremos recordarte que no solo es lo que haces, sino cómo lo haces.

 

El versículo con el que comenzamos esta entrada, nos habla de un momento en la historia del pueblo de Israel en el que se encontraban en un momento decisivo.

 

Moisés estaba invitando al pueblo de Dios a tomar la decisión de seguir el camino de la promesa, y no apartarse de Dios siguiendo sus propios caminos.

 

Y dentro de la narrativa de esta invitación que Moisés les estaba extendiendo, de pronto encontramos este versículo en el que resalta que para el Señor no sólo era importante que le sirvieran, sino específicamente el versículo señala que Dios deseaba que lo hicieran con alegría de corazón.

 

Por decirlo en otras palabras, a Dios no solo le interesaba que cumplieran la ley por simplemente cumplirla, no le interesaba que el cumplimiento de la ley fuera un resultado mecánico y funcional.

 

A Dios le interesaba que el corazón del pueblo también estuviera presente en todas aquellas cosas que ellos estaban llevando a cabo.

 

Y es esta la gran diferencia entre cumplir metas, y servir a Dios.

 

Servir a Dios tiene que ver con que nuestros talentos y acciones son el resultado de un corazón que está agradecido y apasionado por Dios.

 

Y es esta misma idea en la que Pablo el apóstol repite en la carta a Corintios:

 

1 Corintios 13.3 Si reparto entre los pobres todo lo que poseo, y si entrego mi cuerpo para que lo consuman las llamas, pero no tengo amor, nada gano con eso.

 

En esta lista del capítulo 13 de Corintios, Pablo habla de todas las cosas que pudiéramos hacer para Dios, pero también cómo si ninguna de ellas parte del amor por Dios y el amor por la gente, realmente no sirve de mucho.

 

Así que esta es la importancia de prestar atención y esforzarnos no solo en ser mejores equipos, o en ser mejores líderes, sino que la invitación es hacer mejores servidores, y a ser mejores adoradores.

 

Creo que si fuéramos honestos, todos pudiéramos decir que alguna vez hemos visto situaciones en los equipos de las iglesias en las que durante el proceso de servir, hay malas actitudes, hay malos comentarios, incluso hasta a veces hay pleitos.

 

Y es importante darnos cuenta que sería un error pensar, que el problema en malas actitudes no importa, o que no es muy trascendental siempre y cuando se siga llevando a cabo la tarea que se nos asignó.

 

De acuerdo a lo que estamos leyendo en estos versículos, nos daremos cuenta que para Dios es más importante que tengamos la actitud correcta y el corazón correcto, por encima de que la ejecución salga impecable.

 

Así que nuestra oración es que podamos recordar que el énfasis y la prioridad para nuestros equipos y para cada una de las cosas que hacemos siempre debe ser un corazón de adorador por encima simplemente de la ejecución de tareas.

 

Una vez más: no es lo que haces, es cómo lo haces.