Antes de pensar en construir un buen equipo de alabanza, primero tenemos que asegurarnos de contestar algunas preguntas que si bien nos pueden confrontar, nos ayudarán a tener una base sólida sobre la cual construirlo.

Para algunos de nosotros podría ser muy fácil pensar que el mejor equipo de alabanza que podamos tener se construirá solamente reuniendo a los mejores músicos en la ciudad. Incluso, hoy en día podemos observar cómo muchas iglesias han fomentado un intercambio masivo de worshipstars haciendo que los músicos y cantantes viajen de un lugar a otro. Sin embargo, creer que la excelencia de un equipo de alabanza depende de sus habilidades musicales podría llevarnos a la ruina espiritual y a destruir por completo el verdadero propósito de un equipo de alabanza.

¿Qué dice tu corazón?

Una excelente manera de empezar a construir tu equipo es examinando las intenciones de tu corazón. Algunas veces, sobre todo si la música te apasiona, puedes comenzar a tener largos viajes dentro de tu cabeza visualizándote en distintos proyectos y plataformas una y otra vez. Pero hoy te invito a que te detengas un momento y te hagas sinceramente estas preguntas:

  • ¿Para qué hago esto?
  • ¿Realmente estoy buscando servir a Dios y a su iglesia?
  • ¿Mi deseo es llevar a la gente a conectarse con Dios, meditar en él y glorificarlo?
  • ¿Quiero que mi música sea un conducto mediante el cual el evangelio pueda ser predicado, o será que solamente estoy buscando satisfacer mi necesidad de ser visto?
  • ¿Estoy disfrazando mi amor por las plataformas con mi amor por Dios?

Sé que estas preguntas son duras. No te preocupes si descubres que te has estado inclinando más por lo segundo. Arrepiéntete y pídele a Dios que alinee las motivaciones de tu corazón. Me temo que éste será un examen que tendrás que hacer una y otra vez si quieres mantenerte centrado.

¿Soñado para quién?

Otra de las preguntas que te ayudarán a no desviarte es: ¿soñado para quién? Puede ser que durante varios meses te has enfocado en construir un equipo de alabanza soñado, ¿pero para quién?, ¿para ti, para el pastor de la iglesia o para Dios? Si contestaste esta pregunta con cualquiera de las primeras dos opciones, lo más probable es que te puedas desviar en el futuro centrando tu confianza en las habilidades musicales de tu equipo, desarrollándolos musicalmente, exigiéndoles perfección y construyendo tu equipo buscando mejores músicos y más capaces. Por otro lado, si tu intención está en construir un equipo de alabanza soñado para Dios, te aseguro que tus prioridades cambiarán por completo. Esto no quiere decir que no te preocuparás por aspirar a la excelencia, pero la diferencia está en que podrás descansar en que Dios se agradará primero del corazón de los músicos y de su carácter por sobre sus habilidades técnicas. Seguramente te preocuparás por usar y hacer crecer a los miembros de tu iglesia dándoles valor e importancia. Recuerda que la alabanza, antes de ser un tema musical, es una cuestión espiritual.

Entonces ¿a quién escojo?

Sabemos que todos nuestros «candidatos» deben partir de un conocimiento musical básico, pero por sobre eso, definitivamente deberías considerar a personas que amen a Jesús, que tengan un entendimiento real del evangelio, amor por la iglesia local, humildad y un corazón enseñable. Ahora, como decía Javy González (director de Alfarero Música) en la última entrevista que le hicimos: «No esperamos que la gente sea perfecta, ni en lo técnico ni en lo espiritual». Seguramente los miembros de tu equipo cometerán muchos errores durante el tiempo en el que sirvan juntos. Pero es ahí en donde el carácter que describimos anteriormente les servirá para velar el uno por el otro, llevar sus cargas, pedirse perdón, perdonarse y seguir creciendo juntos. «Mucha gente quiere un equipo increíble sin pagar el precio de crearlo, trabajarlo y pastorearlo» (Louie Ábrego).

En suma, si con honestidad te planteas estas preguntas y con transparencia las respondes, en su gracia Dios te mostrará dónde está tu corazón. Entonces, estarás en el camino correcto hacia la construcción, mantenimiento y crecimiento de un equipo de alabanza bien cimentado en el propósito que Dios les dé, y más importante aún, en Dios, que es quien les ha llamado.

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