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Algo espontáneo no es igual a algo improvisado

Algo espontáneo no es igual a algo improvisado

 

A simple vista lo espontáneo y lo improvisado parecieran ser un sinónimo que hablan acerca de una misma forma de hacer las cosas. Quizá la definición general que pueda aparecer en nuestra mente cuando escuchamos cualquiera de estos dos conceptos sea algo como: “hacer las cosas sin planeación”.

Sé que es muy probable que mientras leemos acerca de esto todos estamos de acuerdo en que nuestros ministerios requieren cierta planeación, pero el día de hoy queremos traer sobre la mesa un tema muy interesante.

Muchas veces ha surgido la conversación acerca de la necesidad de planear, pero también la necesidad de querer ver a Dios obrar en nuestros ministerios y no ser nosotros que por tanta planeación y perfeccionismo, que queramos encerrar a Dios en una caja.

En la iglesia en el nuevo testamento, vemos que Dios está presente de una manera muy palpable en las cosas que la primera iglesia estaba realizando.

Por supuesto que cada uno de nosotros deseamos eso, deseamos que Dios obre de una manera muy evidente para cada uno de los que estamos sirviéndole.

Pero el tema del nuevo testamento, es que en muchas de las ocasiones vemos que el espíritu Santo obra de tal manera que “interrumpe“ los planes que se estaban llevando a cabo en el momento.

Así que esta tensión es real, ¿ planeamos todo a la perfección o dejamos que Dios haga algo?

Y es ante esta pregunta, que muchos optan por algo que llamamos “espontaneidad”. Sin embargo, ¿será lo mismo espontaneidad que improvisación?

No es lo mismo

primero que nada, aunque las palabras parecieran dar la misma impresión, debemos reconocer que en esencia no es lo mismo la espontaneidad y la improvisación.

Hemos estado en eventos en los que mientras se trata de definir algo dentro de la planeación del mismo, alguien pregunta por ejemplo “¿cuál va a ser la lista de canciones de la alabanza?”, y ante esta pregunta el líder responda “No lo sé, ahí vamos fluyendo”.

Usando un ejemplo como este, no queremos decir que hay un corazón malintencionado cuando alguien busca fluir en lo que Dios está haciendo. Reconocemos que muchas veces esas ganas de no tener tantas estructuras surgen de un corazón que realmente está buscando el mover de Dios.

Pero si logramos entender la diferencia entre espontaneidad e improvisación, estoy convencido que podremos hallar esto que nuestro corazón desea, que es tener un servicio bien hecho, pero en el que también Dios se mueve y todos fluimos en lo que él quiera hacer.

Esto lo podemos encontrar cuando logramos definir las diferencias entre estas dos palabras.

La diferencia en sí, tiene que ver mucho con el tiempo en el que se lleva a cabo tanto la improvisación como la espontaneidad.

Así que para no complicarlo más, lo explicaré de la siguiente manera:

La improvisación

La improvisación sucede un momento antes de llevar a cabo lo que estamos por hacer. Por poner un ejemplo, es esa pequeña junta de 10 minutos antes de empezar el tiempo alabanza en la que el líder apresuradamente está tratando de definir las canciones que se van a cantar.

Es algo que no se planeó con tanto tiempo previo, es algo que esperó justo al momento de la reunión.

También sucede con algunos predicadores, que tienen una invitación a dar un mensaje en una fecha específica, ante lo que estos predicadores dicen: “llegando ahí sabré lo que Dios quiere hablar”. Así que nos preparan un mensaje con tiempo anticipado, sino que una vez más, lo preparan justo antes del momento de predicar.

Como lo hemos dicho anteriormente, esto puede ser bien intencionado, y con una sincera búsqueda de dejar que Dios sea el que dicte la pauta, Sin embargo, en algunos casos este tema de la improvisación ha hecho que las reuniones sean tensas y que los equipos sientan un estrés abrumador ya que están adentrándose una guerra a la que no saben cómo pelear.

Por supuesto que hay músicos muy hábiles que sin problema pueden seguir el ritmo de la improvisación del líder, pero esto no sucede en todos los casos, la realidad es que muchas veces esto es algo que angustia y perjudica tanto al equipo como a la congregación.

En resumen, la improvisación siempre dice: “ahí veremos qué sucede”.

La espontaneidad

A diferencia de la improvisación, la espontaneidad realmente creemos que puede ser la respuesta mas adecuada a alguien que está viviendo esta tensión de buscar hacer bien las cosas pero dejar espacio para que Dios obre a pesar de nuestra planeación.

A diferencia de la improvisación que sucede justo en el momento antes de hacer algo, la espontaneidad sucede después de haber hecho todo. La espontaneidad sucede después y no antes.

¿Cómo se ve la espontaneidad?

Siguiendo el ejemplo de la alabanza o el predicador previamente mencionados, sería como ver a un líder de alabanza eligiendo una lista de canciones, ensayando arduamente para que puedan asegurarse de que cada miembro del equipo sepa las canciones, y una vez teniendo todo preparado y todo listo, están listos para que Dios obre a pesar de lo que ya se había planeado.

Hasta cierto punto pudiéramos decir que la improvisación anhela el mover de Dios pero deja de un lado la preparación, y es por esto que la espontaneidad es mucho mejor, ya que anhela también ver el fluir de lo que Dios quiere hacer en la reunión, y al mismo tiempo abraza la preparación y la excelencia en todo lo que se está haciendo.

El espontáneo no está carente de dirección ni está averiguando qué va a suceder en los próximos minutos, el espontáneo sabe cuál es el rumbo sabe cuál es la decisión y siempre tiene una sensibilidad de decir Dios interrumpe nuestros planes y haz lo que tú quieras.

Debemos ser honestos y reconocer que es muy probable que sí haya reuniones en las que Dios traiga una dirección nueva en las que no estábamos preparados, pero también hay reuniones en las que Dios obra y bendice lo que está planeado.

Conclusión

Nunca dejemos que la falta de preparación se disfrace de espiritualidad, ni dejemos que la preparación se parezca a profesionalidad.

Al final del día no hay nada mejor que prepararnos con todo lo que somos para servir a Dios con la meta final de que Él haga Su Santa voluntad.